¿Y después de la dieta?0 comentarios

Escrito por admin
Archivado el 31 May 2011 a las 3:23pm

Le has ganado la batalla a los kilos… y ahora qué. ¡Ojo! No te duermas en los laureles. Hasta la fecha has contado con el apoyo del régimen, pero no vas a andar toda la vida con él. El secreto radica en mantener tu peso ideal. Después de un azaroso camino, solamente tú conoces los esfuerzos inútiles realizados, el empeño, el orgullo, el malhumor y la cantidad de energía que has puesto en ello. Has alcanzado tu objetivo y ahora hay que mantenerlo. A continuación unos consejos para consolidar tus logros de silueta…

No te saltes ninguna comida, aunque hayas hecho un exceso el día anterior. No le sumes un error a otro error. Si llega la hora de la comida y no tienes hambre, trata de comer algo ligero y saludable para mantener el nivel de azúcar estable.

Come todos los días a la misma hora, pues eso ayuda a hacer mejor digestión y evita que un estómago vacío haga reclamos excesivos.

No comas nunca entre comidas. Si el hambre se te hace insoportable utiliza los mismos recursos que cuando hacías régimen: elige una manzana. Si no puedes aguantar el hambre, date un baño, sal a pasear, habla por teléfono, vete a un cine (sin mirar las palomitas de maíz ni los chocolates)…

Ten a mano, en tu cocina, las recetas ligeras en calorías que prefieres para que se conviertan en platos habituales de tu gastronomía.

Prepara tu comida de manera que resulte apetitosa. Adórnala con pimientos, tomates, alcaparra… perejil, frutas. Mezcla las verduras con vegetales picados en cuadritos de distintos colores. Muchos chefs y nutricionistas afirman que una buena presentación, despierta el apetito y ayuda a la digestión. Añade a ciertas comidas como el yogurt, semillas de ajonjolí, girasol, calabaza o germen de trigo, sin olvidar darle color con unas cuantas moras, fresas o cerezas.

No repitas nunca de ningún plato. Sírvete la ración adecuada de una sola vez, es la única manera de controlar cuanto comes.

Acostúmbrate a comer despacio. Mientras más mastiques cada bocado, más rápidamente te saciarás.

Bebe mucha agua. Suprimir el agua produce efectos exactamente opuestos a los pretendidos: en lugar de deshincharte, tu organismo se defenderá reteniendo el poco de agua que obtenga a través de tu dieta. Además, el agua hace trabajar los riñones facilitando la expulsión de toxinas. Insiste en un litro y medio a dos litros diarios.

Haz las compras en el supermercado cuando no tengas hambre ni tengas un antojo, pues cuando estamos hambrientos metemos en el carrito cosas innecesarias que podrán convertirse en tentaciones evitables. Recuerda el refrán que dice: ‘ojos que no ven, corazón que no siente’. Lo que significa que deberás también eliminar de tu despensa y de tu refrigerador todos aquellos alimentos que tengan un alto contenido de grasa y de azúcares.

El calcio y las proteínas: reducir el consumo de grasas no implica decirle adiós a las proteínas. Si consumes menos de las que debes diariamente (alrededor de unos 45 gramos diarios para una mujer de 65 kg) puedes sentirte débil y a la larga, según han demostrado varios estudios, perderás músculo y fortaleza. Recuerda que las proteínas no solamente se obtienen comiendo carne, sino que los granos, como los frijoles negros, colorados, blancos, los garbanzos, las habas, los chícharos las contienen en alto grado. Así como las semillas, los huevos y los cereales. También cuida de ingerir la cantidad de calcio suficiente, lo que es esencial para mantener el espesor de los huesos y evitar la osteoporosis. Lo ideal es consumir alrededor de 1.000 mg al día después de los 25 años y unos 1.500 después de la menopausia. Además de los alimentos ricos en calcio como la leche, los quesos, el tofu, la espinaca, el zumo de naranja fortificado, los higos secos, el yogurt… no olvides de tomar vitamina D que ayuda a la absorción del calcio y la que está contenida en alimentos como el aceite de pescado, los camarones, el salmón y otros.

Las dietas ricas en ácido oleico tienen efectos beneficiosos en la regulación del metabolismo de los lípidos y el equilibrio del peso corporal. Por lo tanto, este ácido graso tiene un papel muy importante a la hora de mantener una alimentación sana y un peso corporal saludable. El contenido de ácido oleico en el aceite de oliva o en los aguacates es conocido por la mayoría de la población. Lo que no es tan conocido es su presencia en la carne de cerdo, rica en ácidos grasos monoinsaturados, principalmente en ácido oleico, cuya proporción, dentro del total de la grasa, es del 38 por ciento. Por otro lado, la carne de cerdo es un alimento completo que se puede incluir en la dieta global, ya que aporta proteínas, zinc y hierro de elevada biodisponibilidad, y vitaminas del grupo B. Este tipo de carne sigue siendo uno de los alimentos más importantes para todos los grupos de población, ya que constituye una buena fuente de proteínas de excelente calidad. También estudios demuestran que si se aumenta la ingesta de calcio procedente de la leche en la dieta se pueden reducir los depósitos orgánicos de grasa.

Haz ejercicio. No para adelgazar, porque el ejercicio físico no consume una importante cuota de calorías (para perder quinientos gramos, el ejercicio tiene que ser realmente intenso), sino para modelar tu cuerpo y preservar tus músculos en detrimento de la grasa. En este sentido, lo importante es la regularidad: es más aconsejable un paseo diario de una hora que toda una mañana de gimnasia intensa. Si al pesarte ves que en vez de perder peso ganas algún kilo, vuelve rápidamente al régimen hasta que consigas estabilizarte en tu peso ideal.

Perdidadepeso.NET


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